Es conocido que el primer mandatario de Bolivia no escatima esfuerzos por llevar adelante sus políticas revolucionarias en contra del establishment y ciertas costumbres occidentales, pero esta vez fue mucho más allá. Durante un evento en la localidad de Tiquipaya, en Cochabamba, Bolivia, Evo Morales realizó desopilantes declaraciones basadas en la alimentación, vinculando los productos transgénicos con la homosexualidad y la calvicie en los países europeos. Y como si esto fuera poco, defendiendo sus ideas, aseguró que esto está científicamente probado.
Según Evo, el consumo de aves de granja “engordadas con hormonas femeninas” trae consecuencias en quien las consume, tanto hombres como mujeres. Por eso, “cuando los hombres comen esos pollos, tienen desviaciones en su ser como hombres", aseguró, provocando risas entre los miles de asistentes a la inauguración de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra. Además afirmó que “por culpa de los pollos y del ganado vacuno criado con hormonas, las niñas también tienen un desarrollo prematuro del busto”, razón por la cual rechaza los pollos de granja para alimentarse exclusivamente con animales "criollos", libres de transgénicos. Considerando, además, los efectos de estos alimentos profetizó que “en cincuenta años el mundo será calvo”. “La calvicie, que parece normal, es una enfermedad en Europa, donde casi todos son calvos por las cosas que comen”, mientras que en “los pueblos indígenas no hay calvos, porque comemos otras cosas", aseguró Morales, poniendo como ejemplo su abundante cabellera. Estos datos, dijo, demuestran que "el occidente cada vez trae más y más veneno", criticando las consecuencias del cambio climático y la actual crisis alimentaria.
Entusiasmado con la diatriba apuntó contra las papas holandesas, las que a pesar de ser "grandes y hermosas" tienen hormonas de pescado y no sirven para “comer bien”. También arremetió contra la Coca Cola, refiriendo una anécdota que no vale la pena comentar, y contra los medicamentos occidentales que –a su juicio- curan un mal pero provocan dos más.
En rigor a la verdad es cierto que en todo el mundo cada vez comemos peor, pero a menos que volvamos a nuestros orígenes vamos a tener que conformarnos con lo que hay: pollos de granja industrializados, papas holandesas o liebres sudafricanas, lo que venga. Al menos, en la mayoría de los paises civilizados y no tanto, difícilmente podamos criar nuestros propios pollos en un departamento o cosechar papas y perejil en una maceta del balcón; que no está mal eso de comer saludable, pero lo importante es que todos puedan comer sin temor a que por zamparse un pollo transgénico te vayas para el otro lado luciendo una calvicie extrema.
Dejando de lado las estrambóticas afirmaciones de Evo Morales sobre la inclinación sexual y el “mal europeo” de la calvicie, cabe recordar que a nosotros, los argentinos, también nos caen las recomendaciones de Cristina en materia alimenticia, porque nos ha invitado a consumir carne de cerdo y otras sugerencias gastronómicas. Casual o no, existe un denominador común en algunos líderes populistas sudamericanos inclinados a esta suerte de paternalismo benefactor sobre la ciudadanía. Tal vez a Evo no le falta razón, cuánto mejor un pollo “criollo” y una papa “originaria”, pero en esto de las comparaciones viene patinando mal y tendría que poner un poco más de respeto por la inteligencia de sus paisanos.

